Grupos en situación de vulnerabilidad

Niñez y adolescencia en vulnerabilidad1

Paraguay tiene una población de aproximadamente 6,7 millones de personas. Niños, niñas y adolescentes menores de 18 años representan el 39% de este total. En términos sociales, culturales y productivos, esta población joven constituye un enorme potencial que podrá expresarse plenamente en la medida en que las actuales políticas impulsen su participación en las instituciones de desarrollo. Esta oportunidad no se volverá a repetir en la historia paraguaya y obliga a invertir en la niñez y la adolescencia no después sino ahora, para conseguir a corto plazo una población sana y educada con recursos culturales sólidos que le permitan aportar al desarrollo del país.

La pobreza infantil merece una consideración especial y debe ser colocada en el centro del debate para cualquier política de desarrollo. De los 2.600.000 niños, niñas y adolescentes que habitan en el país, 1.100.000 viven en la pobreza, que es mayor en zonas rurales, urbanas marginales y pueblos indígenas. Para que estos niños y niñas puedan también llegar a ser jóvenes productivos es necesario una mayor inversión en la primera infancia, en relación con el desarrollo infantil y escolar, la estimulación y socialización, la prevención de las enfermedades y de la mortalidad infantil y materna, así como la detección y atención oportuna de las dificultades del desarrollo.

La pobreza de niños y niñas difiere de la de los adultos, dado que limita su acceso equitativo a los servicios sociales de salud, educación y agua potable en el momento de crecimiento más importante de la vida humana. Además, porque la pobreza los expone a todo tipo de violencia por su indefensión y vulnerabilidad. Los estudios científicos confirman que el desarrollo integral de la primera infancia, en especial los primeros 1.000 días desde la concepción, es la base determinante para los demás ciclos de vida y para que las generaciones futuras del país aumenten sus capacidades y oportunidades de desarrollo social, cultural, político y económico, con justicia social.

Esta pobreza infantil genera un desarrollo insuficiente de sus capacidades humanas, que los marca definitivamente por toda su vida, e incluso afecta la de sus hijos. Romper el círculo vicioso de la pobreza y alcanzar niveles de desarrollo social y económico sostenibles, requiere trabajar con la población desde los primeros años de vida de niños y niñas, y aún antes, durante el periodo de gestación de la madre. Si además se focaliza en la niñez de los estratos más pobres y vulnerables, el proceso tiene un efecto potenciador.

Juventud en vulnerabilidad

Paraguay posee en su mayoría población joven, ya que una de cada cuatro personas tiene entre 15 a 29 años de edad. De acuerdo a las proyecciones, esta franja etaria irá progresivamente en aumento. Uno de los desafíos más importantes para el sector radica en las dificultades de inserción en el mercado laboral. Los jóvenes constituyen el 66% del total de desempleados del país, y si se observan solamente los datos de mujeres, éstas representan un porcentaje aún más alto, ya que el 70% de las desempleadas tiene entre 15 y 29 años.

El 52% del desempleo juvenil, tiene menos de 12 años de educación formal, lo que da una pauta de la importancia que otorga el mercado laboral al nivel educativo, en donde se exigen cada vez más años de educación para la postulación de empleos.

Las mujeres jóvenes urbanas pobres son las que muestran un mayor porcentaje de desempleo, con una tasa del 27%, mientras que se tiene una tasa del 3% en hombres rurales no pobres. Según datos recientes del sector juvenil, el 26% de la muestra representada declara que lo más importante es trabajar.2 Este dato es significativo en un país donde 23,8% de la población se encuentra en situación de pobreza,3 donde niños, niñas, adolescentes y jóvenes se encuentran sin duda entre los más afectados.

Según la encuesta de hogares, hay 100.000 adolescentes (15-19 años) que solo trabajan (y no estudian) y 257.000 jóvenes (15-29 años) que no estudian ni trabajan. El primer grupo reduce su proyección laboral al dejar de estudiar para trabajar, mientras que el segundo grupo tendrá serias dificultades para insertarse al sector productivo. Estos 357.000 adolescentes y jóvenes contribuirán a mantener las desigualdades y la pobreza en las próximas décadas si su problemática no es abordada con urgencia.

Pueblos indígenas

Los registros del Censo Nacional Indígena 2012 muestran que la población indígena empadronada asciende a 113.245 personas y representa el 1,7% de la población total del país. Los datos revelan que un poco más de la mitad del total de la población indígena reside en la región Oriental (52,2%) y el resto (47,8%) en la región Occidental.

Por su parte, la población indígena es eminentemente rural (91,2%). Sólo 1 de 20 etnias está asentada más en lo urbano que en lo rural (Maká, 74,4% urbana). Actualmente, el Paraguay cuenta con 20 etnias distribuidas en 5 familias lingüísticas. La mayor proporción de población indígena (55,8%) está concentrada en 4 etnias; Mbya (18,1%), Avá Guaraní (15,8%), Pai-Tavyterá (13,7%) y Nivaclé (13,0%).

La educación formal constituye uno de los focos de inequidad entre población indígena y no indígena del Paraguay. La población indígena presenta un alto grado de analfabetismo: el 37,6% de las personas indígenas de 15 años y más de edad son analfabetas. Es decir, cerca de 4 de cada 10 personas no tiene concluido el 2° grado de la educación primaria, con un promedio de 3 años de estudio entre los de 10 años y más, frente a los 7 años que se registra en la población nacional.

El idioma constituye un referente de suma importancia para buena parte de los pueblos indígenas. El 76,5% de las personas indígenas habla la lengua de su respectiva etnia. Los indígenas urbanos conservan en mayor proporción la lengua de su etnia.

La población indígena del país evidencia una alta vulnerabilidad en aspectos sanitarios. Asimismo, el tipo de vivienda, mayoritariamente ranchos, responde a la ubicación de la mayor parte de la población indígena en áreas rurales, y sobre todo al amplio margen de pobreza manifiesto en la falta de servicios básicos: luz eléctrica, agua potable, entre otros, que padecen los pueblos indígenas. En cuanto al acceso de agua potable, sólo el 2,5% de la población indígena dispone de este beneficio (la gran mayoría solo tiene acceso a tajamar o río) y el 31,2% posee luz eléctrica.4

La tasa de participación laboral indígena (población ocupada o desocupada respecto a la población total en edad de trabajar) es del 52,6%. Este porcentaje es superior en la población masculina respecto a la femenina (65,4% y 38,7%, respectivamente). El 80,5% de la población indígena ocupada de 10 años y más de edad, trabaja en el sector primario, es decir, en actividades relacionadas con la agricultura, la ganadería, la explotación forestal, la caza y la pesca. El resto se distribuye prácticamente de manera equilibrada entre los sectores secundario (6,9%) y terciario (9,5%). Asimismo, 11,4% de la población indígena vive con algún tipo de discapacidad.5

Adultos mayores

Actualmente, la pensión alimentaria para adultos mayores en situación de pobreza está extendida en todos los municipios de los 17 departamentos del país, con 93.000 adultos mayores que recibieron la pensión a diciembre de 2013. Los mismos reciben una pensión alimentaria, con la cual se beneficia 52% a mujeres y 48% a hombres. La distribución de los beneficiarios por área de residencia es del 50% tanto para el sector rural como urbano.

La población de personas adultas mayores, constituye uno de los sectores más vulnerables del país. La misma representa alrededor del 7,2% de la población total, es decir 481.763 personas, de las cuales cerca de 86.000 se encuentran en situación de pobreza moderada y 24.000 se encuentran en extrema pobreza.6

La bancarización de la totalidad de los beneficiarios de la pensión alimentaria está contribuyendo de manera efectiva en la inclusión financiera y social de este segmento de la población.7

Personas con discapacidad

Según un estudio de incidencia de situaciones de discapacidad de las personas, en la región oriental 19% de las personas de todas las edades viven con algún tipo de discapacidad, y 14% en niños, niñas y adolescentes.8 Las barreras físicas, la inadecuada atención en el sistema de salud y la falta de programas de alfabetización y de educación inclusiva son algunos de los factores que restan oportunidades a las personas con discapacidad.

En el sistema educativo, más de 10.000 estudiantes de entre 6 y 18 años presentan alguna forma de discapacidad o limitación identificada. La tasa de analfabetismo en la población con discapacidad es del 43%. Las discapacidades son a menudo producto de accidentes, enfermedades o de problemas de malnutrición en la infancia. Muchos de las niñas y niños que viven con discapacidades no acuden a la escuela, bien porque los centros no están habilitados para su atención, o porque sus padres y madres prefieren mantenerles en sus hogares.

Se estima que sólo el 36% de las personas con discapacidad que tienen entre 6 y 18 años de edad asisten a algún establecimiento escolar. La condición de discapacidad constituye un importante factor de exclusión del sistema educativo, a saber: el 83% de la población discapacitada no ha superado seis años de la educación escolar básica, y sólo 8% de la población ha realizado algunos años de estudios secundarios y una muy reducida cúspide del 2% ha logrado estudios superiores.

El sistema nacional de salud tiene dificultades para atender a la primera infancia. Las consecuencias de enfermedades y deficiencias en dicha etapa (enfermedades carenciales, infecciosas, secuelas debidas a la deficiente atención prenatal y perinatal, malnutriciones) necesitan de atención con prontitud y eficiencia. Una de las causas de la discapacidad en las personas puede ser la deficiente atención de salud y nutrición en la primera infancia. Asimismo, los limitados recursos para atender a personas con discapacidad, permite cubrir atenciones sólo en la capital del país.

Existe en Paraguay un elevado número de personas con discapacidad que no cuenta con su cédula de identidad, lo que dificulta o impide, el acceso a la salud y a la educación. Aunque esta situación, que se da sobre todo en las zonas rurales, no es exclusiva de personas con discapacidad, sí parece que las personas con discapacidad y en especial los niños están especialmente afectados por esta situación.

Asimismo, 48 organizaciones civiles desarrollan acciones con personas con discapacidad, brindando servicios de terapia, educación y acompañamiento para su inclusión sociocomunitaria y laboral.

1 La normativa nacional más importante es el Código de la Niñez y la Adolescencia (CNA), Ley 1680/01.

2 Secretaría Nacional de Juventud, Encuesta Nacional de Juventud 2010.

3 Encuesta Permanente de Hogares 2013. DGEEC/STP, 2014.

4 Encuesta Permanente de Hogares 2013. DGEEC/STP, 2014.

5 Datos preliminares del Censo 2012. DGEEC/STP, 2013.

6 Encuesta Permanente de Hogares 2013. DGEEC/STP, 2014.

7 Ortiz Trepowski, Emilio y Navarro Amarilla, Bernardo. Estudio sobre los sistemas previsionales de Paraguay. Banco Interamericano de Desarrollo – Instituto Paraguayo de Investigaciones Económicas (2012).

8 Estudio de Prevalencia de Discapacidad en la Región Oriental del Paraguay. Elaborado por Delta Consultora Integral para la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), 2012.

  logo stp  
logo gobierno nacional  

Back to Top