Igualdad de género

La distribución poblacional a nivel nacional muestra una igual proporción entre hombres y mujeres (49,6% hombres versus 50,4% mujeres), apreciándose cierta diferencia según área de residencia, ya que en áreas urbanas existe una ligera mayoría femenina (52,0%) mientras que en áreas rurales predomina en igual proporción la masculina (52,0%).1

Las mujeres y los hombres viven su condición de pobreza de manera diferente. La condición de pobreza en las mujeres está directamente relacionada a factores socioculturales, basados en la división sexual del trabajo, que inciden en la posibilidad de acceso de la educación, a la capacitación y asesoramiento técnico, al crédito, a la propiedad de la tierra, lo que limita sus posibilidades de constituirse en personas con autonomía económica para generar ingresos y tomar decisiones sobre los gastos y recursos productivos. La condición de pobreza en la vida de las mujeres las hace dependientes económicamente, lo que las vuelve vulnerables a situaciones de violencia física, sexual, y puede también llevar a las mujeres a situaciones en las que se ven expuestas a la explotación sexual.

En el país no se dispone de estudios y/o información reciente que permita caracterizar las condiciones de vida de los hogares con jefaturas femeninas. Según el último censo agropecuario del año 2008, las mujeres estaban al frente del 22% de las explotaciones agrícolas; así también 26% de las fincas pequeñas (hasta 5 has.) tenía como jefa a una mujer, mientras que en las fincas de mayor tamaño (más de 50 has.) la proporción se reducía al 15%.

Por otro lado, un estudio realizado en el 2012, en base a datos del Censo Agropecuario Nacional indica que el 83% de la asistencia técnica proporcionada por la Dirección de Extensión Agraria (DEAG-MAG) favoreció principalmente a los hombres, frente a un 17% de mujeres beneficiadas. Similar situación ocurre en el acceso al crédito, donde el 12% de las beneficiarias del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) son mujeres y el 88% son hombres. Las mujeres presentan una proporción similar relativa en el sistema financiero privado (financieras y cooperativas), ya que allí su participación se ubica entre el 14% y 15%.2

La condición de pobreza de la mujer puede generar la violencia de género, la cual se produce en un contexto de desigualdad económica, social, cultural, legal e institucional. La mayoría de las personas en situación de violencia son mujeres, en coherencia con esquemas sociales que ubican a las mismas en roles de subordinación a los hombres. La Encuesta Nacional de Violencia Intrafamiliar,3 desarrollada en los últimos meses del año 2013, señala que una de cada cinco personas sufre violencia intrafamiliar; una de cada cuatro personas vive hechos violentos en su niñez dentro de la casa, y el 63% de las personas que sufrió violencia física no superó los nueve años de escolaridad. Asimismo, las mujeres sufren violencia física tres veces más que los hombres, y en cuanto a violencia psicológica, dos veces más que los hombres.4

1 Boletín de Empleo, EPH, 2013.

2 Citado en: Serafini, Verónica. Igualdad de Género y Principales Brechas en Paraguay, ONU/Mujeres, Asunción, abril del 2014 (Documento en proceso de edición para su publicación).

3 Encuesta nacional de violencia intrafamiliar. Ministerio de la Mujer, 2013.

4 Ibid.

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