Investigación, desarrollo e innovación

Desde la Secretaría Técnica de Planificación, el ministro José Molinas, apoyado por un grupo impulsor de intelectuales, está promoviendo la creación de una universidad nacional, que llaman de segundo piso, especialmente destinada a la investigación en ciencias y tecnologías. En mi opinión es un proyecto muy oportuno e interesante.

El estado actual de nuestra educación superior, con excepción de algunas instituciones, sigue siendo caótico y en algunos casos escandalosamente corrupto. El Consejo Nacional de Educación Superior (Cones), en su tercer año de existencia, sigue siendo impotente para poner orden con energía y eficacia. En estas circunstancias un proyecto de gobierno que apunta a levantar el nivel y a marcar una ruta diferente a la acostumbrada es un sendero de esperanza.

Decir que estamos o que queremos estar en la sociedad del conocimiento es un tópico. Todos sabemos que actualmente la principal fuente de riqueza y poder no está en la materia prima de la agricultura, la ganadería o del subsuelo, tampoco está en la producción industrial, sino en la producción de conocimientos. Y los conocimientos se producen eficazmente mediante la investigación.

Para que los conocimientos contribuyan al desarrollo deben ser conocimientos que aterricen en la acción productiva. Es así tanto en el desarrollo humano y educativo, como en el social, el económico, político, ético, espiritual, artístico o deportivo. Tenemos que reconocer que, para salir del subdesarrollo y la pobreza, necesitamos la investigación con la producción y aplicación de conocimiento: saber y saber hacer.

Ya no se habla solamente de investigación y desarrollo (I+D), se habla de investigación, desarrollo y sociedad, incorporando al I+D la innovación. La fórmula que cada día gana más vigencia es I+D+I. El desarrollo procede del campo de la economía, la investigación procede del campo de la ciencia y la innovación, del campo de las tecnologías, sobre todo las tecnologías de la información y la comunicación.

Esko Aho, famoso primer ministro de Finlandia (1991 a 1995), dice que “investigar es invertir dinero para obtener conocimientos, mientras que innovar es invertir conocimientos para obtener dinero”.

Es evidente la recíproca relación que hay entre investigación e innovación para beneficio y desarrollo de la sociedad.

Pienso que el proyecto de la Universidad Científica y Tecnológica del Paraguay se encuentra con varios desafíos. Si es universidad de segundo piso, tiene que asegurarse que el primer piso y los cimientos sean suficientemente sólidos. Es decir, para ubicar una universidad paraguaya en mejor posición en el ranking internacional de universidades, para producir los conocimientos que nos clasifiquen cerca del puesto cuatrocientos en vez de estar en el mil trescientos y pico, para tener una universidad en vanguardia, necesitamos que el sistema educativo todo y desde luego la educación superior gocen de muy buena salud y fortaleza. Si no hay buenos estudiantes y si no hay profesores cualificados e investigadores de calidad como docentes, será muy difícil mantener la universidad en vanguardia.

Según el Banco Mundial (datos de 2012), Paraguay invierte en investigación el 0,09% del producto interno bruto (PIB), dejándonos clasificados entre los países de más baja inversión en el mundo. Aquí está el segundo desafío. Para que la educación superior y la universidad hagan su excelente trabajo de investigación, el Estado tiene que acrecentar mucho más la inversión financiera.

Además de la universidad y el Estado, el tercer desafío es poner en marcha el tercer motor de la investigación, que en cualquier país lo constituyen los empresarios con sus empresas; ellos serán los primeros beneficiarios de la producción de conocimientos.

El cuarto desafío es contar con la calidad de los estudiantes. El investigador se forma desde la infancia. Esperar a que aprendan a investigar en la educación media o en la universidad es perder oportunidades y potencialidades. El desarrollo científico se inicia desde niños. Y no basta que aprendan a manejar el pensamiento científico, sino que deben aprender a diferenciar certezas científicas de hipótesis, de certezas morales, creencias fundadas e infundadas y aprender otras formas de pensar, como el pensamiento sistémico, el pensamiento complejo, crítico, creativo, lateral, simbólico, etc.

Hay más desafíos, entre ellos es definitivo la formación y la carrera de los profesores escolares y universitarios. No hay duda, promover esta universidad requiere un planteamiento sistémico.

jmonterotirado@gmail.com

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